Hoy se cumplen 17 años del atentado contra la Embajada de Israel en la Argentina.
17 años de impunidad, corrupción.
17 años con la tristeza atragantada y la impotencia a flor de piel.
Por favor, vean el video.
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martes, 17 de marzo de 2009
17 años...
domingo, 8 de marzo de 2009
No saben apreciar el arte!
Corría el mes de Enero, yo estaba de vacaciones. Con mis tiernos 16 años, iba con mi guitarra para todos lados.
Esa tarde, con un amigo, nos habíamos ido a la pileta de otro amigo. Llegada la noche, nos dieron ganas de jugar al pool, pero por donde estábamos no había ninguno, motivo por el cual nos tomamos el colectivo y nos fuimos para otro lado. La idea era cenar en la casa de uno de nosotros y después ir a jugar la pool.
Nos subimos al colectivo semi vacío, yo con mi guitarra al hombro. Nos sentamos en los asientos del fondo, saqué la guitarra y nos pusimos a cantar.
A los 10 minutos se acercó un hombre de unos 40 años, nos miró y nos dió 50 centavos.
- No señor, no estamos tocando por plata - llegué a decirle.
Pero el caballero, mirándonos a los ojos y con total sinceridad, nos dijo:
- No chicos, les doy los 50 centavos para que se callen.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Nos lo quitaron...
martes, 20 de enero de 2009
Abril - Segunda Entrega




5) Era quien lograba despertarme. Tengo serias dificultades para despertarme y Abril era la única que lo lograba. ¿Cómo hacía? Sencillo...saltaba, se subía a la cama, y con el hocico empezaba a moverme la cabeza despacito hasta lograr despertarme.
Lamentablemente todo esto se terminó. Cuando tuvimos que internar a mi viejo, ella quedaba todo el día sola. De a ratos estaba con la señora que trabaja en casa. Nosotros nos íbamos a temprano a la mañana y volvíamos tarde por la noche. En ese mes apenas nos vio, apenas la vimos. Cuando mi viejo falleció, ella dejó de hacernos caso. Cuando le queríamos poner la correa nos gruñía, nos mostraba los dientes, y a mi vieja y mi hermano llegó a morderlos. Venía un vecino a ponerle la correa, ella le movía la cola y se la dejaba poner. En la calle si nosotros teníamos la correa no caminaba, le dábamos la correa a los dueños de cualquier negocio de la cuadra (ella se encargó de ser reconocida, querida y adoptaba por todos!, si hasta le regalaban huesos de cuero!) y ella empezaba a caminar moviendo la cola.
Hablamos con el veterinario y nos dijo que intentemos darla en adopción, y que si con otra familia seguía igual, había que sacrificarla.
Se la dimos a la señora que trabaja en casa. Muy de vez en cuando le preguntamos cómo está la perra y nos dice que bien, que cada vez que llega ella, la perra se hace pis encima y se pone a saltar de la alegría.
No deja de dolerme por todo lo que significaba Abril para mí. Con 25 años, lloré cuando la subimos a la camioneta en la que la llevaron. Era la perra de mi viejo, la que él mismo se había regalado para un día del padre.
Era Abril, a la que yo le puse nombre.
Era la alegría de la casa. Y de alguna forma, se fue cuando se fue mi viejo.
sábado, 15 de noviembre de 2008
No es un dulce?
Ayer fue el cumpleaños de mi primito J, quien cumplió 7 años. Al festejo fue toda la familia, incluídos mis primos y primas con sus respectivos niños.
Y estaba mi prima M con A, su hijo de 3 años, a upa y pasó lo siguiente:
M: Qué pasa A?
A: Quiero upa má.
M se lo sube a upa y le da un beso en la frente.
A la mira y le dice: Má, vos sos re linda, me gustan tus ojos, tu nariz, tu boca, tus tetas y tu cola.
No es un tierno?
viernes, 24 de octubre de 2008
Abril - Primera entrega
Sugerí ponerle Abril y a todos les gustó. Después de todo, había nacido un 20 de Abril. Para ser más preciso, nació el 20 de Abril del 2004. 2 meses después, el 20 de Junio, mi viejo se la autoregalaba por el día del padre. Una Golden Retriever preciosa.


viernes, 12 de septiembre de 2008
El hermano menor
Hay una regla que todos aquellos que tengan un hermano menor seguramente compartirán conmigo: el único que le puede pegar a mi hermano soy yo!
Y así fue siempre. Con mi hermano, 4 años menor que yo, siempre nos peleábamos de chicos, bue...ta bien, de grandes también, pero ya no tan seguido (porque nos vemos poco!). Eso sí, guarda que alguno se metiera con él, porque yo era el primero en saltar a defenderlo, y más de una vez me fui a las manos por defender al pequeño sabandija que se metía en problemas.
Más allá de nuestras peleas, creo que siempre fui un referente para él. Cuando éramos más chicos venía a mi pieza y empezaba a mirar mi biblioteca, mis estantes. Yo le preguntaba "qué buscás", y él me miraba sonriendo y me respondía "estoy viendo qué te puedo sacar".
Siempre quiso usar mi ropa, cosa que SIEMPRE me molestó. Mi vieja incluso le ofrecía comprarle lo mismo, pero su respuesta era "no, no quiero uno igual, yo quiero usar el de él".
Cuando estábamos en la primaria y yo invitaba a algún amigo a jugar a mi casa, él siempre quería participar en nuestros juegos.
Creo que siempre le tuve bastante paciencia (por más ternura que todo lo que conté les pueda dar, les aseguro que tiene un caracter de mierda el pendex!), pero siempre tuve un as bajo la manga a la hora de querer responderle cuando me jodía mucho.
En medio de cualquier pelea, lo miraba fijo y muy seriamente le decía "callate, que a vos te tocó una mamá usada".
Automáticamente mi hermano se callaba, y se iba llorando a decirle a mi vieja que yo lo estaba molestando.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Se aceptan devoluciones?
24 de Abril de 1985. Me faltaba un mes para cumplir 4 años. Mis viejos no estaban, mi mamá estaba a punto de tener a mi hermano en una cesárea programada. Yo estaba en casa con la señora que me cuidaba. A las 20.30 hs sonó el teléfono, era mi papá y tuvimos el siguiente diálogo:
- Hola hijo!
- Hola pá!
- Ya nació el bebé!!
- Y es varón o nena?
- Es varón, tenés un hermanito!
- Ah...no, pero yo quiero una hermanita, lo podés devolver y que te den una nena?
jueves, 4 de septiembre de 2008
Quién retó a quién?
Tenía 4 años, estábamos de vacaciones en Mar del Plata, en casa de mis abuelos maternos. Un mediodía mis viejos estaban hablando con mis abuelos y yo no paraba de interrumpirlos. En un momento mi viejo se cansó y me retó.
Yo, con una mezcla de enojo, frustración y tristeza me fui al cuarto donde dormía y me puse a jugar con mis muñecos.
Por la tarde fuimos a la playa, y no le dirigí la palabra a mi papá en todo el trayecto...ni en la playa...ni cuando volvíamos.
Cuando terminamos de cenar mi viejo dijo "ya vengo", y salió 5 minutos.
Cuando volvió, traía uno de esos chupetines redondos enooooooormes. Se me acercó ofreciéndome el chupetín y dispuesto a "reconciliarse". Pero claro...no esperaba mi respuesta.
Me ofreció el chupetín y yo, con mis tiernos 4 años lo miré a los ojos, y levantándole mi dedito índice de la mano derecha le dije..."yo de vos no quiero nada, hasta que aprendas a no hacer la maltratación de tus hijos".
jueves, 28 de agosto de 2008
Dos grandes juntos
Me encontré con este post de Hurricane, y me acordé de algo que vi hace un tiempito en youtube.
Cuando yo era chico, los domingos a la noche me tiraba una frazada al lado de la cama de mis viejos, me acostaba ahí y miraba el programa de Tato junto a ellos. Yo era bastante chico, estaba en la primaria, y había algunos chistes que no los entendía. Les preguntaba a mis viejos y ellos me los explicaban. Aprendí la palabra "corrupción" viendo el programa de Tato, por ejemplo.
Otro artista sin igual que me acompañó desde chico en mi casa fue Astor Piazzolla. Aún conservo los discos de vinilo que eran de mi viejo y que siempre poníamos en la sobremesa cuando terminábamos de comer.
Tanto Tato como Piazzolla fueron dos grandes que creo que no llegué a disfrutar plenamente debido a lo chico que era cuando murieron. Lo que daría por poder ir a un recital de Piazzolla! Lo que me gustaría ver un programa de Tato en el país que hoy tenemos.
Pero no quiero irme por las ramas...hace un tiempo encontré este video en youtube. Un video de estos dos grandes, juntos. Cada vez que lo veo se me pone la piel de gallina...a ver qué les pasa a ustedes.
martes, 19 de agosto de 2008
Recordando...
Mi hermano estudia medicina, y se sabe lo que cuesta cada libro en esa carrera. Cuando mi viejo vivía, lo ayudaba a comprarlos, dado que lo que él ganaba en su trabajo no le alcanzaba.
Era 1 de Enero del 2007. Estábamos invitados a cenar en la casa de J, primo de mi viejo. Hacía solo 3 meses que mi viejo había fallecido.
En un momento de la cena llegó V, 25 años menor que mi viejo y hermana de J (o sea, prima de mi viejo). Se sentó a hablar con mi mamá y al rato veo que ambas se abrazaban con lágrimas en los ojos.
Después me enteré lo que hablaron: Cuando V tenía 8 años, mi viejo tenía 33 y ya estaba ejerciendo la medicina (especializándose en Alergia e Inmunología). Una noche V comenzó a tener broncoespasmos a raíz de un alimento que le desató una reacción alérgica. En mitad de la noche E (padre de V, o sea, tío de mi viejo) llamó a mi viejo, quien no dudó un segundo, se vistió y salió corriendo. Llegó, la revisó y le dió una medicación que, por lo que cuenta V, le salvó la vida. Si mi viejo tardaba media hora más, ella se moría.
"Él me salvó la vida, y yo se que M está estudiando Medicina. Yo quiero que me dejen ayudarlo a comprar los libros durante su carrera, uno nunca sabe las vueltas de la vida, pero así como R (mi viejo) me salvó la vida a mí, M posiblemente le salve la vida a mucha gente, y yo nunca pude terminar de agradecerle a mi primo lo que hizo por mí. Sé que M sólo no puede comprarse los libros y quiero ayudarlo, como agradecimiento a mi primo y porque, quién sabe a cuánta gente M le salve la vida".
Uno tantas veces siembra sin darse cuenta...
Uno tantas veces cosecha lo que otros sembraron...
Tantas veces otros cosechan lo que nosotros sembramos...
Amo a mi familia, amé y amo a mi viejo aunque ya no esté conmigo...
Y se está acercando la fecha, un nuevo aniversario desde que te fuiste...
Y te extraño tanto viejo, me hacés tanta falta...
Ojalá pudiera tenerte enfrente una vez más para agradecerte todo lo que hiciste por nosotros, por mí.
Tanto de lo que soy te lo debo a vos pá...tanto...
Y me gustaría tanto poder tenerte al lado en la mesa, con esa mirada cómplice y tímida, esa que tenías cada vez que querías preguntarme algo personal y no te animabas, y sentir esos dos golpecitos de tu mano en mi brazo, seguidos de un "Te veo bien hijo...estoy orgulloso de vos y feliz de verte así".
Te fuiste antes de tiempo viejo...
Si supieras todo lo que hoy quisiera compartir con vos...
Puta madre...cómo te extraño pá...
miércoles, 16 de julio de 2008
Último día en Israel
3) Viernes temprano fuimos a una ceremonia con cocktail incluído, con gente grosa invitada. Quién iba a imaginar que yo iba a charlar con la vocera del ex primer ministro de Israel? Después nos subimos a un micro y nos fuimos para el norte. Paramos en la ruta para ir al baño y/o fumar un pucho (Nota aparte...hacía 43 grados de temperatura) y me puse a jugar con un camello muy simpático y cariñoso, no me creen? Próximamente subo alguna foto. Ahora les dejo una para que ven al paisaje que había durante el cocktail (La ciudad vieja de Jerusalem, rodeada por la muralla construida hace más de 2000 años)
viernes, 20 de junio de 2008
Mi blog cumple un año!
martes, 10 de junio de 2008
Escritos V
En Febrero del 2006 tuve que vivir una situación difícil, y pocos meses después, al mirar hacia atrás, escribí esto:
Hace unos meses pase por una situación que no fue del todo agradable...y entre lágrimas, puteadas y sollozos, me puse a pensar y recordé que cuando era chico y me dolía el cuerpo me decían "es porque te están creciendo los huesos, estás creciendo"...y fue entonces que cuando recordé eso, me pregunté: ¿SERA QUE CUANDO NOS DUELE EL ALMA, TAMBIEN ESTAMOS CRECIENDO?
Hoy me pregunto si el alma puede doler, o si en realidad nos dolemos a nosotros mismos y el alma es como aquel mensajero que solamente nos trae la noticia. Si el dolor es nuestro, propio, construído en nuestro interior...o si tan sólo es quien llega sin haber sido invitado...pero que por algún motivo de esos que ni nosotros entendemos, no le podemos decir "mejor andate, no sos bien recibido". Y si se lo decimos, parece no importarle...el se queda...hasta que se da cuenta realmente que no tiene lugar y decide irse, pero claro...de una forma muy distinta a como llegó.
Cuando llega lo hace estrepitosamente. Cuando se va lo hace silbando bajito.
Cuando llega hace temblar todo. Cuando se va sentimos la calma que sólo transmite un amanecer soleado tras una noche de truenos y relámpagos.
Cuando llega es como esa mano invisible que de pronto nos estruja el pecho, nos comprime las entrañas y nos chupa todas las fuerzas. Cuando se va esa mano desaparece tan de golpe como llegó, y nos sentimos volar, podemos respirar profundamente y sentir el perfume que entra por la ventana.
Cuando llega nos hace creer que no hay salida. Cuando se va nos hizo aprender que no es que no haya salida, sino que él (y les recuerdo que hoy hablo del dolor) usurpó una puerta para entrar, y se propuso impedir que la veamos.
Hoy se una cosa, soy uno cuando el dolor llega...y soy otro cuando se va...ni mejor ni peor, otro, distinto, pero tan yo mismo como siempre fui.
Y hoy, más de dos años después de haber escrito este texto, sigo convencido de que así como cuando somos chicos y nos duelen los huesos, a lo largo de toda la vida cuando nos duele el alma, es porque estamos creciendo.
sábado, 26 de abril de 2008
Ese día no llamé..
Un mes estuvo internado. Un mes justo. El 28 de agosto a las 8 am tuvimos que llevarlo de urgencia por lo mal que estaba. Esa semana no nos despegamos de su cama. Estaba en terapia intensiva, por lo cual nos turnábamos para entrar y estar con él.
Nunca pensé que iba a verlo así. Me costaba creer que ese era mi viejo. Lleno de cables, rodeado de máquinas. Mi viejo, a quien yo consideraba uno de los tipos más fuertes del mundo, no tenía fuerzas ni para hablar. Abría la boca cuando tenía sed. Era la señal para que agarremos el vaso de agua y le coloquemos el sorbete en la boca. No tenía fuerzas para sostener el vaso en su mano, ni para acercar la cabeza al borde del vaso para poder tomar agua.
El 1 de septiembre empezaba a trabajar en un lugar nuevo. Mi abuela también estaba internada, con un cáncer terminal y dormida todo el día debido a las drogas que le administraban para que pudiera tolerar los dolores. No podía pensar en el trabajo cuando todo esto estaba pasando, pero conseguirlo había sido uno de mis mayores logros.
Fue entonces que todos los días, a la misma hora, llamaba a mi vieja al celular, para que le acercara el teléfono a mi viejo, que practicamente sin poder hablar, solamente me escuchaba.
El 2 de septiembre mi abuela falleció. Mi viejo no pudo enterrar a su mamá. Mi vieja se quedó cuidándolo, y fuimos mi hermano y yo.
Los fines de semana yo iba al hospital y no me despegaba de su cama. Durante la semana, cada día a la misma hora, lo llamaba al celular de mi vieja. Más allá de lo evidente que era su estado, no podía dejar de preguntarle cómo se sentía. Pero por sobre todas las cosas, siempre le hacía algún chiste.
"Dale viejo, dejate de joder que ya hiciste demasiada fiaca y hay un torneo de golf importante en el club. Si no queres ser mas mi caddie decímelo, pero esto de quedarte acá no da."
"Ya sé lo que te pasa viejo...te gusta más la comida que hacen acá que lo que cocina mamá, no te preocupes, yo no le voy a contar"
"Y viejo? Alguna enfermera linda? Cómo que no? Ni siquiera un lindo culo? No puede ser, voy a hablar con los médicos a ver si ponen una enfermera que este buena y le pedimos que te haga unos mimos"
"La facultad? Bien viejo, vengo bien, no te preocupes" Y le mentía. Había hablado con mi vieja y había tomado la decisión de dejar las materias que estaba haciendo, las últimas 3 de la carrera, porque no tenía la cabeza para eso, con la idea de retomar al cuatrimestre siguiente, cuando mi viejo estuviera bien. Pero él, así como estaba, insistía en que no dejara de ir a trabajar ni a la facultad.
"Te quiero mucho pá, mañana a la misma hora te llamo, portate bien y no hagas renegar a los médicos".
Todos los días.
El Lunes 25 de septiembre no fui a trabajar, era el día en que estaban los resultados de unos estudios. Los médicos nos dijeron que no se podía hacer absolutamente nada. No se le podía hacer el transplante, la enfermedad avanzaba a pasos agigantados. Era una cuestión de unos meses nada más. Lloramos mientras los médicos, con una calidez nunca antes vista, nos contenían. Nos lavamos la cara y entramos sonrientes a la habitación, intentando darle a mi viejo unas esperanzas que para nosotros ya no existían. Mi viejo me retó por no haber ido a trabajar y me deseó suerte porque se acordaba que al día siguiente tenía un parcial (que obviamente, no iba a rendir).
El martes 26 lo llamé a la hora de siempre. No tenía fuerzas para hablar, por lo que solamente me escuchó. Antes de cortar, mi vieja me dijo que no podía hablar, que los médicos le habían dicho que no usara el teléfono allí dentro.
El miércoles 27 no llamé. A la noche mi vieja me dijo "qué pasó q no llamaste?" "Vos me dijiste que no se podía hablar por teléfono". "No, me entendiste mal. Estaba en el pasillo, adentro de la habitación sí se puede". "Uy, si sabía que era así llamaba!"
Mi hermano se me acercó y me dijo "Papá está muy mal. Fijate si podes faltar al trabajo mañana para verlo".
Llamé a mi jefe y le expliqué la situación. Llamé a mi analista para cancelar la sesión que tenía ese jueves. "Decile absolutamente todo, no te guardes nada" me dijo.
Esa noche, a las 2.30 am sonó el teléfono. Mi vieja me despertó llorando. Teníamos que ir al hospital, mi viejo se había descompensado. Llegamos y nos lo dijeron. "Empezó con una arritmia, cuando fuimos a tratarlo hizo un paro cardio-respiratorio, estuvimos hasta recién, pero no pudimos sacarlo"
"Mi papá se murió?!" Fue todo lo que pude preguntar. El médico asintió con la cabeza.
Nunca en mi vida sentí un dolor así. Nunca lloré como lloré esa noche. Nunca me sentí tan huérfano como en ese momento. Y dentro mío, lo único que podía pensar era "No lo llamé. No pude decirle que lo quería. NO LO LLAME! NO LO LLAME!"
Desde ese día decidí ignorar la vergüenza. Desde ese día, cuando quiero a alguien, cuando extraño a alguien, se lo digo. Decidí que no me importa lo que los demás puedan pensar.
Decidí que quiero que los demás sepan siempre que los quiero, que me importan.
Decidí que no quiero que llegue el día en el que me arrepienta por no haberle dicho a alguien que lo quería.
Prefiero eso, y no sentir lo que sentí esa noche. Prefiero eso, y no sentir que me guardé muchas cosas que a todos, siempre, nos hace bien escuchar, y que a mí, desde ese día, siempre me hace bien decir.
martes, 25 de marzo de 2008
Un loco lindo...
Hace muchos años que viajo en tren, y nunca dejé de verlo.
Personaje pintoresco? Un loco lindo? No lo creo...
Aunque llueva, aunque haga muchísimo calor, aunque el frío congele las manos.
Allí está él, con su banquito, su valija, su bandoneón y su sonrisa.
Recorre los vagones del tren repartiendo sonrisas. Nunca se lo ve cansado.
"Sólo el amor salvará al mundo" repite. Y con su sencilla sabiduría explica la forma en la que el amor al prójimo evitaría las estafas, la corrupción, el hambre, las guerras.
Estudia inglés, y dice que lo hace para poder comunicarse con los turistas. "Sino cómo les digo que sólo el amor salvará al mundo?" pregunta en voz alta. "Ah, no me creen que hablo inglés? Only love will save the world...ven que sí hablo inglés?"
Cuenta uno o dos chistes, alguna anécdota.
Acomoda su banquito.
Toma asiento.
Desenfunda su bandoneón.
Nos regala 2 hermosos tangos tocados a puro sentimiento.
Pasa su gorra, sonriendo y agradeciendo aún a quienes lo ignoran.
No se su nombre.
No se su historia.
Todo lo que se es que logra que rompa el autismo en el que me encierro cada vez que viajo a algún lado, que me saque los auriculares del Ipod para escucharlo.
Y logra hacerme sonreír incluso cuando el peor de los humores me dice presente.
Personaje pintoresco? Un loco lindo? No lo creo...
Una persona que es feliz y que no le tiene miedo al ridículo cuando de contagiar felicidad se trata...
Gracias señor...
Gracias por alegrar mis viajes en tren...
Por regalarnos su música, sus chistes y su mensaje...
Gracias por contagiar su felicidad...
Gracias...
viernes, 22 de febrero de 2008
Paseo por mi infancia...
Mis abuelos paternos vivían en una hermosa casa. Entre la reja del frente y la puerta de entrada a la casa había un pequeño espacio en el que los domingos mis abuelos solían sentarse a tomar mate mientras todos sus nietos jugábamos en la vereda.
A la derecha de este espacio había un largo pasillo que conducía hacia el fondo, donde había un patio/lavadero. Mi entretenimiento cuando íbamos de visita era ir y venir por este pasillo, yendo y viniendo del patio al frente una y otra vez. Mis primeros pasos los dí en ese lugar.
Cuando tenía aproximadamente 5 años mis abuelos vendieron esa casa y se mudaron, por lo que no son muchos los recuerdos que me quedaron en la memoria. Siempre recordaba que entrando a la casa y a la izquierda estaba el living comedor, con un techo altísimo que permitía que el lugar estuviera fresco incluso en verano. Si en lugar de girar a la izquierda se giraba a la derecha, estaba la cocina. Y si en lugar de girar seguía derecho, me encontraba con la escalera que llevaba a la planta alta de la casa, lugar del que no tengo recuerdo alguno ya que la escalera era sumamente empinada y a los chicos no nos dejaban subir.
Hace unos meses con mi vieja estábamos cerca y me pidió si la podía llevar para pasar por la puerta y ver cómo estaba este lugar que siempre recordamos con mucho cariño y cierta nostalgia.
Estacionamos el auto en la puerta. El frente de la casa estaba bastante cambiado. En donde mis abuelos se sentaban a tomar mate, había un enorme cantero lleno de flores de colores. El pasillo por el que yo corría cuando era chico no se veía, estaba tapado por una puerta. Desde adentro de la casa miraron por la ventana, y le dije a mi vieja "se van a asustar...mejor corro el auto". Pero este lugar era como un imán que no dejaba de atraernos.
Una mujer salió de la casa y miró hacia dónde estábamos, por lo que le pedí a mi vieja que se baje y le explique la situación. Bajó del auto, se acercó a la reja y le explicó a la mujer que mis abuelos habían vivido allí. "Ah...los B?".
Mis abuelos habían vendido la casa a un constructor, que poco tiempo después se la vendió a esta mujer y su marido. "En cada lugar en el que vivimos siempre nos gustó averiguar sobre los antiguos dueños" nos contó. Y fue así que por aproximadamente 15 minutos estuvimos hablando de la familia.
"Le hago una pregunta...que hacían en el cuartito que hay en el descanso de la escalera? Porque cuando lo restauramos encontramos una llave de gas y el piso con quemaduras muy chiquitas".
"Ese cuarto fue el taller de mi suegro" le contó mi vieja. Mi abuelo pasaba horas en ese cuartito soldando hebillas de cinturones y carteras. Ese era su trabajo.
"aaah...ahora entiendo porqué había esas quemaduras tan chiquitas en el piso"
De repente, sin que nosotros lo pidiéramos, la mujer nos invitó a pasar y recorrer el lugar. Con mi vieja nos miramos y la mujer insistió. "Por favor, en serio..."
Nos mostró el living que yo recordaba entrando a la izquierda, con algunas ventanas nuevas, pero con el techo tan alto como yo lo recordaba. Nos llevó a la planta alta, pasando por la piecita del descanso de la escalera donde mi abuelo tuvo si taller. En la planta alta nos mostró su cuarto, que había sido el cuarto de mis abuelos, y nos mostró las demás habitaciones...que habían sido de mi viejo y mi tío, y de mis dos tías. Bajamos y nos mostró la cocina. Allí estaba la misma mesada de mármol que yo recordaba, el mismo mueble verde donde mi abuela guardaba las galletitas para mis meriendas.
En todo este trayecto mi vieja no paraba de contarle a la mujer cosas sobre la época en que mis abuelos vivían allí y de preguntarle por la gente del barrio. Cada 5 minutos se emocionaba y mientras le caían las lágrimas decía "cuando le cuente a mis cuñadas, a mi cuñado y a mis sobrinos..."
Salimos al patio del fondo, y automáticamente giré a la derecha en busca del pasillo en el que dí mis primeros pasos, por el que tantas tardes de domingo corrí yendo y viniendo. Ahí estaba.
La miré a mi vieja...ella me miró...me acerqué más al pasillo y apoyé mis manos en la pared como si estuviera acariciándolo con las mismas manitos que se sostenían allí para no perder el equilibrio.
Volvimos a mirarnos, no necesité decirle nada. Las lágrimas que rodaban por mis mejillas lo decían todo...


