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martes, 21 de octubre de 2008

No somos irrompibles...pero podemos sanar

No somos irrompibles.

Los cristales pueden quebrarse.
A veces, basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles...
Se rompen los plásticos...
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas como parecen.

¿Y nosotros?
Ah...nosotros tampoco somos irrompibles.
Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel puede herirse...
También nuestro corazón, aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos.

CUIDADO! FRÁGIL! El corazón se daña muy facilmente.
Cuando oye un "no" redondo o un "sí" desganado, una especie de "nnnsí" y merecía un tintineante "sí"...
Cuando lo engañan...
Cuando encuentra candados donde debía encontrar puertas abiertas.
Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día... noche tras noche...
Cuando...

Entonces siente tirones desde arriba, por delante, desde abajo, por detrás...o es un potrillo huérfano galopando dentro del pecho.
¿Se arruga? ¿Se encoje? ¿Se estira?
NO
Late lastimado.
¿Y cómo se cura?

Solamente el amor de otro corazón alivia sus heridas.
Solamente el amor de otro corazón las cicatriza.

Mi amigo y yo lo sabemos...
Por eso somos amigos. (Elsa Borneman, del libro "cuentos de chicos enamorados").

No se cómo hacés...
Pero con vos hasta el momento más duro se hace más llevadero
No se cómo hacés...
Pero con el perfume de tu presencia lográs quitarme todos los alambres

Cada una de tus miradas es un bálsamo que alivia mis dolores
Cada caricia es una venda en mis heridas
Cada sonrisa es un motivo para ser feliz
Cada abrazo un nuevo amanecer

Y es que no sólo sos mi pareja, mi compañera...
También sos mi mejor amiga.

Cómo no amarte así corazón...

viernes, 3 de octubre de 2008

Lectura del día I

Solamente con 3 escritores me pasa esto. Uno de ellos es Paul Auster. Los otros 2 son Arturo Pérez-Reverte, y Marcos Aguinis.

¿A qué me refiero con "esto"? A esperar que salga un libro nuevo de ellos para correr a la librería, comprarlo y leerlo. Es así, y seguramente hay por allí gente que me entiende, porque les pasa exactamente lo mismo. De hecho, se que esto ocurre con los que somos lectores de Auster y Aguinis. No sé si así pasa también con Pérez-Reverte, aunque quizás Hurricane me pueda sacar la duda (de hecho, ya se tiró la idea de armar un club de bloggers seguidores de don Arturo).

La cuestión es que tengo en mis manos el nuevo libro de Paul Auster. Un libro que se lee fácil, y que viene en la línea de sus últimos trabajos. En varias de sus novelas aparecen nuevas historias dentro de la historia principal, y estas historias secundarias comienzan a entrecruzarse con el relato inicial. Incluso en algunas de sus novelas Paul Auster aparece como personaje secundario.

La forma en que estructura el relato es atrapante, lo va llevando a uno a través de la mente del protagonista y realmente cuesta soltarlo cuando se lo empieza a leer. Por otra parte, tiene pequeños guiños al lector, con frases sencillas pero contundentes.

Hoy estaba leyendo hasta que me encontré con el siguiente fragmento:

"En este punto, Noriko acaba derrumbándose y rompe a llorar, cubriéndose la cara con las manos y dando rienda suelta a las lágrimas: una mujer joven que ha sufrido en silencio durante tanto tiempo, una buena persona que se niega a creer que lo es, porque sólo los buenos dudan de su propia bondad, y eso es precisamente lo que los hace así. Los malos sí saben que son buenos, pero ellos lo ignoran. Se pasan la vida disculpando a los demás, pero no son capaces de perdonarse a sí mismos." ("El hombre en la oscuridad" -Paul Auster)

viernes, 19 de septiembre de 2008

Llegó...

"Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos." (Julio Cortázar - Rayuela)


"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida (...) Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética" (Milan Kundera - La insoportable levedad del ser)

No hace falta aclarar, no?

lunes, 11 de agosto de 2008

Igual que a Santiago...

"Soy, con respecto a las mujeres, más sensible al recato que a la extroversión; más vulnerable a la cálida distancia que imponen las palabras bien ponderadas que a la dudosa cercanía que siembra la locuacidad. Me emociona más la belleza sugerida que la manifiesta; más lo que adivino que lo que veo; lo que puedo imaginar más que lo que está a la vista. Puede cautivarme la elocuencia de un solo rasgo, de un solo gesto, y dejarme indiferente la armonía objetiva del conjunto. Para mí una mujer atractiva debe llegar a revelarse gradualmente hermosa ante mis ojos y nunca serlo de entrada; me conmueve verla florecer y no florecida; quiero descubrirla en mí antes que en ella." (Santiago Kovadloff - Ensayos de Intimidad).


Mi querido Santiago, ¿Cómo hacés para explicar tan claramente lo que me pasa?

martes, 22 de julio de 2008

Ellos...

Están ahí, a la espera. Me miran, me estudian. No desesperan cuando no les presto atención.


Ellos toleran mis tristezas, mis broncas. Aceptan acompañarme en los momentos difíciles, los llevo conmigo en los momentos felices. Me perdonan cuando sin querer los lastimo.

Hace tanto que nos conocemos que no recuerdo cuándo fue que nos presentaron. Crecimos juntos. A medida que crezco, crece también el conocimiento que tengo de ellos. Cada instante que comparto con ellos me modifica, y se que ellos me dejan modificarlos cuando entiendo algo distinto de lo que, supuestamente, dicen.

Algunos son más grandes, otros más chicos, y son un claro ejemplo de que el contenido es más importante que el envase.

Cuando me reencuentro con alguno de ellos después de un tiempo, es sumamente interesante. Recuerdo lo que fui, veo lo que soy. Ellos atesoran aquello que fui, lo que hoy soy y lo que en algún momento seré.

Muchas veces ellos son un espejo, ponen frente a mí el reflejo de lo que guardo en mi interior.

No importa cuánto tiempo pase con ellos, en su compañía 10 minutos o 3 horas pasan igual de rápido.

Con ellos estoy cuando no quiero hablar con absolutamente nadie.

Con ellos comparto mañanas, tardes, noches.

Con ellos viajo, río, lloro, pienso.

Ellos son uno de mis tesoros más preciados.

Ellos son mis libros.

lunes, 4 de febrero de 2008

Casualidad, destino...o qué?

Hoy volví a leer este fragmento de "La inmortalidad" de Milan Kundera...

"-¿Cuál es tu método para calcular la probabilidad de los encuentros entre las personas?

-¿Tú conoces algún método?

-No. Y lo lamento -dije-. Es curioso, pero la vida humana nunca ha sido sometida a investigación matemática. Fíjate por ejemplo en el tiempo. Desearía que existiese un método experimental que mediante electrodos fijos a la cabeza de la gente investigase el porcentaje de su vida que el hombre dedica a los recuerdos y el que dedica al futuro. Así conoceríamos quién es realmente el hombre en relación con el tiempo. Qué es el tiempo humano. Y seguro que podríamos determinar tres tipos básicos de hombre, según la forma de tiempo dominante en él. Y para volver a las casualidades ¿acaso podemos decir algo en serio sobre la casualidad en la vida sin una investigación matemática? Pero lamentablemente la matemática existencial no existe.

-La matemática existencial. Una idea excelente -dijo y se quedó pensativo. Luego añadió: En todo caso, se tratase de una posibilidad en un millón o de una posibilidad en un billón, el encuentro fue absolutamente improbable y precisamente en esa improbabilidad residía su valor. Porque la matemática existencial, que no existe, establecería probablemente la siguiente ecuación: el valor de una casualidad es igual a su tasa de improbabilidad (...)

Cuando nos reconocimos, nos miramos sin saber qué hacer. Como si los dos supiéramos que nos habían regalado una casualidad enormemente valiosa..."


Y me hizo pensar una vez más...
En las casualidades...las causalidades...y lo que muchos llaman "destino"...
En lo personal, creo que cada uno hace su propio camino...y que, como dice la canción, se hace camino al andar...
Pero también debo reconocer que muchas veces me vi envuelto en situaciones que se dieron de manera tal, con hechos totalmente alejados uno del otro pero que tarde o temprano llevaban al mismo lugar...que me cuesta pensar que todo sea casualidad...
También parece uno va conociendo gente de forma casual a lo largo de su vida...y después de mucho tiempo, si uno quiere analizar la situación...parece cualquier cosa menos una casualidad...

Vos...que opinás?

jueves, 10 de enero de 2008

Caperucita Roja...contado por el lobo!

Esta fue una semana heavy en el laburo (nunca les conté sobre mi trabajo, prometo hacerlo próximamente), y hoy a las 8 pm comencé oficialmente mis vacaciones.
Mañana a la mañana tengo terapia, a la tarde armo el bolso...y el sábado a las 7 am me subo al micro rumbo a Colón, Entre Ríos, donde me esperan unos días de relax sumamente necesarios y, creo, merecidos.

El tema es que quería actualizar el blog con algo, y no se me ocurría nada, hasta que en un blog leí sobre los cuentos infantiles y me acordé un texto que me regalaron hace unos años...

Quería compartirlo con ustedes. Cada vez que lo leo, me acuerdo de "La sociedad de los poetas muertos"...de la escena en la que los alumnos se suben a los bancos para recordarle al profesor que siempre hay otra forma de ver las cosas.
Y de eso se trata este cuento...de "otra forma de ver las cosas".

Les dejo el cuentito, es cortito.

El bosque era mi hogar. Yo vivía ahí y me preocupaba por él, trataba de tenerlo cuidado y limpio.
Un día soleado mientras estaba limpiando basura que acampantes habían dejado, escuché pasos. Me escondí detrás del árbol y vi a una pequeña niña viniendo por el camino, trayendo una canasta.
Sospeché de la pequeña niña a primera vista porque ella vestía muy lujosamente, toda de rojo y su cabeza estaba cubierta para que nadie supiese quién era.
Naturalmente me detuve a observarla y le pregunté quién era, de dónde venía y todo eso. Ella me contó un cuento acerca de ir a la casa de su abuela, con la canasta del almuerzo. Parecía básicamente una persona honesta, pero ella estaba en MI bosque y con una apariencia sospechosa con ese extraño gorro encima; entonces decidí enseñarle cuán peligroso era atravesar el bosque vestida tan lujosamente.
La dejé seguir su camino pero corrí rápido a la casa de la abuela.
Cuando ví a la agradable señora le expliqué mi problema y ella acordó conmigo en que su nieta necesitaba aprender una lección.
La señora anciana acordó quedarse afuera, en la sombra, hasta que yo la llamase, en realidad se quedó debajo de la cama.
Cuando caperucita llegó yo la invité al dormitorio, pues yo estaba en la cama vestido como una abuela.
La chica entró con sus mejillas rosadas y dijo algo desagradable acerca de mis orejas. Yo había sido insultado antes y tratando de poner lo mejor de mi, sugerí que las orejas grandes servían para escucharla mejor; mi intención era decirle que yo quería escucharla y prestarle mucha atención a lo que estaba diciendo, pero ella dijo otra frase insultante acerca de mis ojos saltones.
Ahora uds. pueden llegar a entender cómo me estaba sintiendo acerca de esa chica que parecía tan agradable pero que en realidad era una persona tan desagradable. Sin embargo, seguí con mi política de poner la otra mejilla, entonces le dije que los grandes ojos me servían para poder verla mejor a ella.
Su siguiente insulto realmente me dolió. Yo siempre tuve problemas de tener grandes dientes y esta pequeña niña me insultó acerca de ellos. Yo sé que debí haberme controlado más pero bajé de la cama y le dije que mis dientes me ayudarían a comerla mejor.
Ahora, déjenme explicarles, ningún lobo podría comer nunca a una pequeña niña, todos sabemos esto, pero la Caperucita loca comenzó a correr alrededor de la casa gritando. Yo corría detrás de ella, tratando de calmarla, me había sacado la ropa de la abuela, pero esto lo único que hizo fue empeorar aún más la situación: se abrió la puerta y un enorme leñador estaba ahí con su hacha, mirándome, fue claro para mí ver que yo estaba en problemas y me fui por una ventana que había detrás de mí.
Quisiera decirles que este fue el final pero la abuela nunca va a contar mi lado de la historia.
Al poco tiempo se empezó a decir que yo era impulsivo y todos comenzaron a evitarme.
No sé más acerca de la pequeña niña con su linda Caperucita Roja, pero yo, nunca más volví a ser feliz.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Navegantes...

Hoy empecé a leer un libro que podríamos decir que compré al leer el primer párrafo en la librería...

No pude resistirme a comprar un libro que empieza así:

"No he nacido para navegante. Qué va. Pero he tenido que navegar. A quién no le ocurre alguna vez tener que navegar sin ser navegante. Y yo cuando navegué descubrí que el asunto se parecía enormemente a mi vida: navegué con enorme dificultad"

Quién no atraviesa dificultades en su vida? No sería aburrida la vida si tuvieramos un manual de instrucciones? Aunque tengamos que vivir situaciones duras, complejas, difíciles...en las cuales no encontramos salida...en las cuales puteamos...

Nadie nos preguntó si queríamos nacer...
Llegamos a este mundo, y no por decisión propia...
Cómo vamos a ser expertos navegantes? Si la gran mayoría de las veces, la vida nos pide que improvisemos...y que aprendamos sobre la marcha...

Es como aprender a nadar...
La única forma, es metiéndose al agua...

lunes, 3 de diciembre de 2007

Todo ordenadito???

"Se detuvo en la plataforma del vagón e inspiró profundamente para tranquilizar su respiración acelerada. Había subido al tren en el último momento y esa llegada extrema lo llenaba de orgullo: todos los demás llegaban a tiempo, de acuerdo con un plan preparado de antemano, de modo que vivían toda la vida sin sorpresas, como si estuvieran copiando un texto determinado por el profesor. Se los imaginaba en los compartimientos del vagón, sentados en sus asientos reservados con anterioridad, manteniendo conversaciones previamente conocidas, hablando de las casas de montaña en las que iban a pasar la semana, de los horarios que habían aprendido a respetar ya en el colegio, para poder luego vivir a ciegas, de memoria y sin posible error."

Fragmento de "La vida está en otra parte" - Milan Kundera

Hoy leía este libro en el colectivo, y me encontré con este fragmento. Sin duda, fue uno de los fragmentos a ser subrayados, como conté en mi post anterior.
Me sentí sumamente reflejado en lo escrito, quizás porque por el momento, interiormente estoy en una situación para la cual no existe libreto alguno...para la cual no sirve vivir a ciegas...y el "sin posible error", es sumamente imposible de tener con certeza...

Hoy lo hablaba en terapia...QUÉ DIFÍCIL ES TENER CADA COSA EN EL CAJÓN CORRESPONDIENTE! Y yo...q soy sumamente organizado, obsesivo, detallista, ordenado, metódico, práctico...

Estoy intentando aprender a vivir sin fórmulas pre-establecidas...mirando hacia adentro para intentar entender qué me está pasando...

Ojalá pudiera hacerlo sin joder a nadie...
Ojalá pudiera no afectar a quienes me rodean con mis mambos...
Ojalá pudiera cuidarlos de mi mismo...

"…o el otro que decía que como no tenia perro, le había enseñado a un pez a andar fuera del agua, poco a poco, hasta que lo acompañaba a las compras, a pasear. Cierto día llovió, el no se dio cuenta, pero el pescado salio a los saltitos por ahí y en un sin querer, se le cayo adentro de un charco de agua y se le ahogo. Que viene a ser mas o menos, de lo que tengo miedo: tanto tiempo acostumbrado a vivir fuera de si mismo que no sea cosa que en un sin querer me resbale en un charco de mi mas pura naturaleza y me muera ahogado." (Fragmento de mi libro preferido de toooodos los tiempos, "el ciudadano de mis zapatos")

"Vos sabés, que yo no sé, cuidarte de mi amor..."

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Los libros y yo...

Mi relación con los libros podría resumirse así:

1) Estoy convencido de que en muchas oportunidades yo no elegí un libro, sino que el libro me eligió a mí. Sí, suena metafísico y quizás estúpido, pero los libros cuya lectura más disfruté, fueron libros que me encontré de casualidad en algún estánte en una librería.

2) Relacionado con el punto anterior, amo entrar a las librerías para ver qué hay. Suelo entrar sabiendo qué libro busco, pero en muchas oportunidades entro "a ver con qué me encuentro". Y así fue que se dio lo del punto anterior. En alguna mesa, en algún estante, veo un título que me llama la atención, una tapa que me atrae...tomo el libro, leo la contratapa...y decido comprarlo.

3) Siempre que leo un libro lo hago con algún lápiz a mano. Uso el lápiz para subrayar frases que me gustan, con las que me identifico. Con el correr del tiempo, mis libros son una suerte de jeroglífico con renglones subrayados, párrafos marcados con corchetes y anotaciones a sus costados. Hay gente que dice "cómo le hacés eso a un libro?". Pienso que así como cada libro leído deja una marca en mi interior, sobre sus hojas yo voy dejando marcas que me ayudan. Parecido a Hansel y Gretel...voy marcando en el libro fragmentos que me ayudan, me sirven, me gustan...y sé que en cualquier momento puedo agarrar el libro nuevamente y allí estará aquello que me marcó.

4) Practicamente nunca salgo de mi casa sin un libro.

5) Me gusta releer libros en distintos momentos, y notar cómo aquello que marqué hoy puedo leerlo de otra forma...y partes que en algún momento no me llegaron, en una segunda lectura las encuentro sorprendentes.

6) Creo que no hay mejor regalo de cumpleaños que un libro (Salvo que alguien me quiera regalar un departamento!)

7) No se bien por qué, pero desde hace mucho tiempo tengo la convicción interna de que voy a escribir algún (o algunos) libro(s).

8) Pocas cosas me dan tanta satisfacción como leer un buen libro.

9) Detesto las lecturas "pedorras" y que no le dejan absolutamente nada a uno.

10) Si tuviera que decir qué libros me marcaron de una forma especial, serían:

a) El ciudadano de mis zapatos (Luis María Pescetti). Es como si estuviera escrito para mí...tan para mí que incluso leí un fragmento en el entierro de mi viejo.
b) Todos los libros de Milan Kundera
c) Brooklyn Follies (Paul Auster)
d) El médico de Sefarad (César Vidal)
e) Obras Completas (Sigmund Freud)
f) La Gesta del Marrano (Marcos Aguinis)
h) La auténtica Odessa (Uki Goñi)
i) Podría seguir la lista...pero estos son los que más me marcaron, los que sin duda dejaron una huella en mí y contribuyeron a que hoy sea como soy.